21 de mayo de 2012





Dels poti-potis del Descarga

Man Ray...
                                
                                ...i les meves ballarines









De lo efímero y contaminante














Una imagen vale más que mil palabras

Dependiendo de la imagen



y de las palabras








14 de mayo de 2012

Cosas con gracia...





Cuando nos miramos y, de repente, sólo somos sombras de lo que fuimos.

El miedo había recubierto nuestros cuerpos y también nuestras mentes. Intentábamos negarlo, vivíamos y amábamos. Pero sin vivir y sin amar. Todo lo que éramos era tan sólo un eco de lo que habíamos sido o de lo que podríamos haber llegado a ser. No dábamos, no sentíamos. Porque estábamos asustados.

Asustados de que volviera. De que volviera el dolor, esa masa gris que se agarra a tu cuerpo y se aferra a tus entrañas y no te deja ser.

Hay música que te deja ser. El jazz, la música clásica. Te deja fluir, inmiscuirte en tus ilusiones y viajar.

El dolor no te deja.
Te prohíbe.
Te encarcela para hacerte sumiso. Sumiso de una manera, de un sistema, de una parodia. El dolor se agarra a tu pecho y lo posee como a su tesoro más preciado. Y lo separa de tí.
No te deja sentir, no con todo tu alma.

Y por eso éramos solo sombras, sombras negras y raídas a las que el miedo al dolor les hacía caer en picado al vacío.








De lo efímero...


                                                           el humo









video

20 de febrero de 2012

Esencia del arte y, en su defecto, del Artista

Desde pequeños nos auto-convencernos de que somos buenos. Nos gusta compartir, nos gusta ayudar, nos gusta ser útiles. Nos gusta el orden, hacer cosas por lo demás, seguir las leyes, no ensuciar el espacio, cuidar de nuestros perros.
Los humanos no somos buenos ni malos, no somos completos ni incompletos, no tenemos las cosas claras, nos auto-destruimos como raza y, a menudo, como personas. Destruimos nuestro entorno, algunas veces también a las personas que amamos. Amamos. A nosotros mismos, a los demás, a nuestro entorno y al entorno ajeno. Odiamos. A nosotros mismos, a los demás, a nuestro entorno y al entorno ajeno. Comemos animales en platos refinados y damos de comer animales ajenos a nuestros animales domésticos.
Nos organizamos, nos organizan. En pequeñas agrupaciones a las que llaman por aquí sociedad. Sociedad de consumo, sociedad de producción, sociedad del bienestar. Algunos están bien, algunos están mal. Organizamos la tierra que creemos nuestra. Le ponemos nombre, precio, la modelamos y dividimos. También el cielo. He oído que también el mar.
Algunos enloquecen. Algunos no saben sobrellevarlo cuando descubren que ellos mismos o que los demás no nos buenos. Enloquecen. Enloquecen por ser avispados, por entender más de lo que deberían, por entender la incomprendida contradicción de la esencia de nuestro sobre-valorado ser.
Cuando esto ocurre cada uno se aferra a lo que quiere, o a lo que puede. Normalmente ocurre, simplemente ocurre. No nos damos cuenta, sólo ocurre. Somos más inconscientes de lo que creemos. Algunos entonces se aferran a un modelo a seguir. Se ciernen a lo socialmente correcto, niegan sus impulsos malevólicos, se niegan a ellos mismos. Algunos buscan perder el peso que la razón ejerce sobre sus consciencias. Oh sí, bebemos, nos drogamos, nos alienamos de esa razón que nos configura como seres.
Los artistas no son más que aquellos que, siendo conscientes de lo malo de nuestro ser, no consiguen sobrellevar dicha maldad. Lo hacen bonito, y cuando hablo de bonito no me refiero a bello, sólo a bonito. Creen que han de hacer algo grandioso, algo más. Algo que eleve nuestro espíritu bueno y que anule lo malo.
Sólo algo que haga que lo malo valga la pena.
No importa el qué.